De "Joven Rebelde" a Discípulo: Una voz en el desierto que cambió mi vida
- awake and arise
- Feb 21
- 3 min read
Updated: Mar 13

Por Dan Ferris
Si me hubieras visto a los dieciocho años, probablemente no hubieses adivinado que compartiría algún día un mensaje sobre el Evangelio de Jesucristo. En aquel entonces, era un joven rebelde y un ateo convencido. Durante cuatro años estube seguro de que Dios no existía, y mi estilo de vida reflejaba esa falta de fe.
Sin embargo, hoy entiendo que mi mayor responsabilidad en la vida es con los jóvenes: Siento el llamado de mostrarles el efecto transformador que el Evangelio puede tener en una persona.
Mi historia no comienza en una capilla; empieza en un callejón oscuro en Phoenix, Arizona, con una manguera y un par de bidones de gasolina.
La noche en todo cambió
En ese entonces, yo vivía de forma acelerada y al margen de la ley. Una noche, a eso de las 4:00 AM, me atraparon robando gasolina. Terminé en la parte trasera de una patrulla, arrestado por robo y además por posesión de un arma oculta.
Después de pasar una noche en la cárcel, me encontré caminando por el parque Encanto en la ciudad de Phoenix. Era un día hermoso, y yo andaba por ahí —con el pelo largo, sin camisa, tratando de parecer "rudo"— cuando escuché una algarabía: Eran un grupo de cristianos predicando con mucha fuerza. Yo, con la actitud arrogante que tenía en ese entonces, empecé a gritarles que se callaran y dejaran a la gente en paz, pero en lugar de enojarse, uno de ellos se acercó y me preguntó si podíamos hablar.
"Todos los que estamos aquí fuimos adictos a la heroína", me dijo con calma. "Superamos esa adicción a través de nuestra fé en Jesucristo. Tan real como en este momento veo a ese hombre caminando por el parque, sé que Jesús es real".
Me di cuenta de que este hombre era sincero, pero en mi ateísmo no me importó en ese momento y me fui.
Una voz en el desierto
Pocos días después, un juez me dió a elegir: irme de Arizona o enfrentar las consecuencias legales de mis fechorías. Empaqué y regresé a California. En el camino, cerca de la frontera, en un pueblo llamado Blythe, me detuve y caminé hacia el desierto hasta subirme a una gran pila de rocas.
Sentado allí, empecé a reflexionar sobre mi vida. Tenía dieciocho años y me sentía perdido; tenía amigos en prisión o que habían muerto en accidentes. Me preguntaba cómo había caído tan bajo y tan rápido.
Entonces, recordé aquél hombre del parque y pensé: Me pregunto si Dios será real. Me pregunto si Jesucristo será real.
En ese instante, escuché una voz: suave, tranquila e increíblemente amorosa que me dijo:
"Levántate y deja este lugar".
No lo dudé. Obedecí de inmediato, bajé de las rocas y caminé hacia mi coche. A mitad del camino, me di cuenta en realidad de lo que había pasado: Yo había escuchado una voz. Me arrodillé inmediatamente en la arena y ofrecí una oración sincera desde mi corazón: "Dios, quienquiera que seas, lo que sea que quieras de mí, házmelo saber y te seguiré por el resto de mis días".
Encontrando la luz
Esta experiencia personal cambió mi rumbo al instante. Regresé a la casa de mi padre en California, conseguí un empleo y empecé a leer la Biblia durante horas todos los días. Aunque nunca antes había tocado las escrituras, podía sentir Su poder en cada palabra.
Tiempo después, un amigo de la infancia me invitó a trabajar en el estado de Washington. Allí, acepté escuchar a unos misioneros. Cuando me hablaron de la Primera Visión de José Smith, no me pareció algo extraño. ¿Por qué? Porque yo mismo había escuchado la voz de Dios en el desierto. Sabía que la comunicación con lo divino era posible. Al leer el Libro de Mormón, sentí exactamente el mismo Espíritu que al leer la Biblia. Dos semanas después, me bauticé.
Para los jóvenes: Sigan intentándolo
He sido miembro de la Iglesia por 50 años ya. Soy una persona imperfecta —uno no viene de un pasado como el mío sin cargar algunas cicatrices— pero he aprendido que Dios no nos exige perfección. Él solo quiere que lo intentemos, que busquemos Su amor.
Si cometes un error, simplemente te levantas y sigues adelante.
Les comparto mi testimonio de que Jesucristo es real. Dios es real. No importa quién seas o lo que hayas hecho, te aman y están listos para guiarte de regreso a casa.
Preguntas para reflexionar:
¿Alguna vez has sentido un "impulso" interno para cambiar de dirección?
¿Cómo crees que esta historia puede ayudar a alguien que siente que ha "caído demasiado bajo" para volver al buen camino?



Comments